Se arrastró como una babosa, suplicó volver como pide misericordia un condenado a muerte. Y tuvo éxito. Lo contrataron.
Pero lejos de dar pena en la cancha, comenzó a mostrar su calidad en tiempo de "Sit-com" (durante 30 minutos).
Y el pasado domingo cambió esos insultos y silbidos de hace un año (cuando vestía la casaca danubiana) por una ovación y una idolatría destinada a unos pocos elegidos, al definir el clásico transformando en gol un penal en los minutos de adición.
Fue el renacer del romance Recoba - Hinchada Tricolor. Y promete durar por mucho tiempo.
Mientras no lo empiecen a pedir para la selección...chapón Chino!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario