Si bien unos integrantes pudieron disfrutar del excelente espectáculo brindado por U2 en la vecina orilla, ninguno de ellos pudo sentir lo que yo sentí el día sábado: Por unas horas, fui Marty McFly. Volví a los noventa, disfrutando de la música que escuchaba en cassette en aquel viejo radiograbador AIWA.
Gracias Roxette, por haberme hecho volver al futuro.
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